sábado, 29 de diciembre de 2007

Fotos / Obra - Soria





























1 comentario:

Julio José dijo...

Ya libres de los límites y reglas impuestos por el mismo arte, los hacedores de lo imposible a veces precisan desviarse un poco más para alcanzar lo no convencional. Las críticas sobran cuando sólo es necesario leer manifiestos de corrientes artísticas que imponen una cárcel donde la reclusa es la imaginación.

En un país tan cerrado como el nuestro, donde las salas de teatro están colmadas de puestas de clásicos, lo predecible está presente y los consumidores de arte llegan al hastío luego de tanto Shakespeare y de tanto Lorca. La partitura está escrita pero la espontaneidad del espíritu muere. Todo es apreciable hasta que procuramos buscar el bendito pozo donde el deleite del observador desea sumergirse en lo profundo, pero el pozo nunca está. Cuando el público busca ir más allá del deleite y más allá de ver lo sublime, lo único que desea es encontrar una profundidad infinita. Si el artista es capaz de trasladar la plenitud de una simple expresión en un espacio, existe la regresión, el génesis del ser que es la nada plena. Y es eso lo que muchos temen.

Es interesante la espontaneidad y el flujo de una energía de la que todos se alimentan en una puesta de danza-teatro. Si la naturaleza cuenta con las herramientas necesarias para poder ser un personaje sin crearlo, todo es posible y auténtico. Se ha percibido que las marcaciones y los compases quedan de lado porque para la mente no existen límites ni tiempo. Si la música está es porque sólo pretende formar parte de una expresión, ya sea danza, declamación o canto.

El mensaje está escrito. Las palabras son límites porque el espíritu necesita expresarse de alguna forma. El arte es expresar lo imposible. Si existe una obra escrita a representarse es porque es posible. Y como lo predecible siempre es posible, la improvisación no lo es. La improvisación entonces es un arte que explica el flujo y la espontaneidad del espíritu pero es todo un trabajo vigorizarlo durante un ensayo. Todo es predecible, menos la improvisación. E intentar calcular que toda esa espontaneidad nació de cada actor es trabajo de idiotas.

Felicitaciones, en serio. (kóre, un chorizo de divagues...)

Julio José